Atardecer en Magacela (Badajoz)
Puedes, una tarde cualquiera, darte un paseo hasta Magacela. Mejor a esas horas finales en que la luz amarillea, ya cercano el ocaso. Encaramada en una peña cuarcítica, una preciosa espadaña, preside la llanura.
En este pueblo, todo el mundo gusta de disfrutar de las vistas. De hecho, al llegar encontramos un gallo extasiado con la contemplación de las lejanas sierras de Azuaga. El silencio solo se quebraba por una ligera brisa de poniente y el rumor de la conversación de unos hombres mayores acomodados en un banco que daba vista a un paisaje casi infinito.
Por las callejuelas del pueblo, sus casas señoriales hablan constantemente del pasado
Tanto les gusta a los magaceleños mirar, que tienen esta salita de estar colgada sobre el vacío, con su orejero bien orientado, su mesa camilla de piedra, su silla y su perro, también aficionado a las lejanías.
Desde lo alto del viejo castillo árabe -Umm Gazala- mientras la tarde se enrojece y el sol va cayendo, resulta una gozada imaginar la leyenda que por aquí se cuenta:
«La princesa mora que lo habitaba había comido opíparamente, y hubo de dejar los postres ante el estruendoso aparato de guerra de los cristianos, que ya asomaban por almenas y portillos, dándose muerta a la vez que exclamaba: “Amarga cena, amarga cena para mi”. De ahí vino Malgacena y de ahí pasóse a como la conocemos»Vale la pena la visita. Te toparás con unos paisajes y un atardecer como hace siglos que no veías.
Claro, que lo mejor de este viaje fue la compañía. Pero esa es otra historia...
